martes, enero 31, 2012
"Hacia, tiempo"
Hace mucho que no sentía así. Años diría yo. No sé cuantos, pero al menos unos cuatro. Quizá en algún periodo del 2009 y luego a principios del 2010 pero nunca como ahora.
Esas ganas desde las entrañas, que me dicen manda todo y a todos a la mierda. Que no vale la pena querer cambiar las cosas. A veces la desesperanza en que la situación no puede ser cambiada, que la historia ya esta escrita y a mi me toco una escrita por un weon masoquista y depresivo.
Me acostumbre a ver la vida como el vaso medio lleno. Es más mejor así. Buscar la esperanza en la sonrisa del niño, en la mano generosa de la ayuda desinteresada, en los pechos de esa mujer. Pero hoy tire el vaso a la chucha y se hizo mierda. Hoy nada puede cambiar el que no me sienta como las weas.
La timidez acompañada de la cobardía son cosas que no debieran ir nunca juntas. Si aún siguiera siendo tan introvertido como antes ya me hubiese enterrado en mi propia madriguera para no salir jamás.
Voy a tener que dejar de querer tanto a los demás y empezar a quererme un poquito más a mí. Esa estrategia ya se encuentra obsoleta. Pero me gusta lo viejo, la nostalgia me mata.
Quizá deba ser más radical, revelarme contra todos. Debiera matar a un par de personas y hacerlas desaparecer, de esa forma silenciar, al menos por un tiempo al oscuro pasajero; voy a tener que dejar de ver Dexter por un tiempo.
Darme un poco más de tiempo para mí y dejar de pensar tanto serían los caminos más próximos.
miércoles, enero 11, 2012
POEMA 20
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Pablo Neruda
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Pablo Neruda