jueves, diciembre 02, 2010

Reencuentro

Reencuentro

Después de pasar  el último tren por la Estación 54, Alba tomó su cartera, secó sus lágrimas y traspaso la valla que se encontraba al límite de la vía. Comenzó a caminar por la oscura noche acompañada tan solo de lo poco que llevaba entre sus manos.

Alba corre en dirección a la estación de trenes en Newcastle. Alba cree escuchar  “esa mujer esta huyendo”, “huye de un amor”. Hace solo un par de horas, acababa de ver a Carla en la fila del cine. Alba iba con la intención de ver la película que le había recomendado el periódico esa mañana, pero esta había comenzado hace más de 25 minutos cuando llego frente a la taquilla. Decide no entrar, ya que deseaba verla completa. Mientras buscaba una alternativa en la cartelera, fue que  vio la espalda de Carla. Lo supo al instante. A su lado reconoció a Carlos, aunque solo había visto fotos de él, supo de inmediato quien era. Lo había imaginado 1000 veces, un poco más bajo eso sí. Pero sobre todo lo había imaginado de la mano con la Carla, besándose con la Carla, cogiéndose a la Carla.

Un par de niños pasa corriendo a su lado, se dirigen al tren que ya estaba llegando al andén. El hombre que corta los boletos invita a que aborden el tren desde Newcastle, anunciando sus próximas paradas, Leeds, Manchester, Liverpool, Birmingham, Oxford, Londres. Carla mira su ticket y ve el número de su asiento y su puerta de entrada. Había comprado de primera clase, a pesar de sus apuros económicos. Deseaba pensar, estar en paz consigo misma y su conciencia; eso no podría lograrlo allá adelante y todo el bullicio de niños y hombres que hablan de hazañas imposibles. Una atenta mujer le pide ver su ticket y le indica su lugar en el vagón.

Alba ingresa en un restaurante. Ve como una mesera del lugar discute con un hombre que al parecer ha llevado sus manos más allá de lo permitido. Alba admira a esa mujer que es capaz de defender su integridad. La mesera logra sacar al manoseador del lugar, un par de clientes aplauden la acción y luego continúan devorando sus desayunos. La mesera se arregla sus vestimentas y ordena su pelo con la ayuda del gran vidrio que da a la calle. Alba ve como la mesera se acerca a ella con una cara renovada. – Hola buenos días, mi nombre es Carla y te voy a atender en esta hermosa mañana-. Alba asiente y realiza una pequeña mueca a modo de saludo y dirige su mirada al hombre que Carla acaba de sacar del lugar. Carla nota la preocupación de Alba. – No te preocupes, contigo no seré tan dura. El rostro de Alba se enciende como un el más rojo de los tomates.

Alba queda admirada del parecido de esta mujer con Carla. Se convence así misma que jamás va a volver a ver su cara, su bella cara sonreír, no va a volver a admirar ese pequeño espacio que tenía entre sus dientes frontales y jugar con la situación. Alba se sienta y mira el techo del vagón y comienza a inspeccionar el lugar. Nota el cabello rizado de una mujer unos asientos delante de ella, la mujer da vuelta y grande es el espanto de Alba, era Carla, la mujer a la que había amado, a la primera, a la única. Alba se consume en su asiento, intenta esconderse donde es imposible lograrlo. Mira sus manos, estas no dejan de temblar, nota una mancha roja en su anillo, lo saca rápidamente de su mano, lo guarda en el bolsillo de su chaqueta.

Alba luego de ver a Carla y Carlos, emprende camino a la salida, ni siquiera quiere pensar en la posibilidad de que Carla le vea la cara. Sale rauda del lugar, los últimos rayos de sol le pegan en la cara, esta desorientada no sabe dónde ir, al fin elige ingresar en la galería comercial de la acera de enfrente.

Alba se arma de valor y se pone de pie, está decidida a desmentir a su cerebro, de asegurarse sin lugar a dudas de que aquella mujer de adelante no es Carla. Se acerca se pone al lado de la mujer, esta busca algo en su cartera. Alba da un respiro –Disculpa- la mujer voltea la cara y por fin le ve el rostro en plenitud, no lo puede creer, es Carla, ya no tiene duda es ella.

Alba camina apresuradamente por la galería, no se detiene a mirar las vitrinas a su alrededor. Siente que la siguen, mas no mira quien viene detrás, espera lo peor, espera que sea Carla, que la voltee, que la mire y la bese apasionadamente, así como había sido hace tan poco tiempo atrás. –por favor detente, necesito hablar contigo-. Alba sabe que es Carla, no le queda otra más que voltear y mirarle, pero su mirada se dirige automáticamente al suelo.

Alba ha comenzado a temblar, Carla se pone de pie y se le acerca, Alba le rehúye y estalla en llanto. Carla la abraza y le habla al oído –no te preocupes, aquí estoy para ti-
Alba y Carla caminan por la arboleda. Suben unas grandes escaleras e ingresan en el departamento de Alba. Lo que ocurre aquí es desconocido para este observador, solo puedo decir que Alba sale del lugar con lágrimas en sus ojos, sangre en sus manos y una cartera al hombro, Carla jamás salió con vida del lugar.

Alba responde al abrazo de Carla y la aprieta con fuerzas. Le mira la cara y le da un beso en la mejilla. Se sientan juntas para acompañarse en el camino. Alba no podía estar más feliz, conversa con Carla por horas, hace meses que no se sentía así.

Alba tambalea, camina erráticamente de un lugar a otro, con una mano en su estómago, a lo lejos ve las luces de la Estación 54. Alba mira el cielo, contempla por última vez las estrellas del cielo y cae, para no volver a levantarse jamás.